“Operación Catrina” o cómo transformar la cruda realidad en pura fantasía.

Hace solo algunos días me cuestionaba sobre el propósito de la creación de este espacio en el que compartiré con ustedes parte de mi opinión sobre los temas más polémicos y polarizados del mundo contemporáneo. Ya que si bien el “alma” de este blog podría responder a la etiqueta de “Moda” sin mayor apuro, he referido antes en mi carta de presentación y en  algunos otros encabezados que busco re-definir el modelo sistemático sobre el cual versa la moda y darle un significado unitario, que opuesto al presentado tradicionalmente busque la inclusión de todas las clases, razas y formas en la industria, permitiéndoles reivindicar su voz y presencia en el mundillo, exigiendo a demás que se les escuche como parte esencial del mismo; puesto que como ya es sabido por muchos a través de murmullos y rumores que cargan las corrientes de información como un secreto a grandes voces, la moda y las tendencias no surgen de las excavaciones de lujosos palacios datados de hace dos siglos, ni de sus proximidades.

 

 

Tampoco se crearon bajo el espesor de los caviares y platillos más exquisitos degustados por la realeza. La moda, como bien lo dijo Marc Jacobs alguna vez, “Surge de la calle”, de las necesidades de “gente real”, del sudor de quienes siembran la tierra y el cansancio de los que la riegan, surge de la escasez y el desespero, de la búsqueda incansable de un lugar que podamos reconocer como propio, de la conexión del cuerpo con el espíritu, de cómo los caracteres incomprendidos a falta de movimientos de identidad decidieron crearse uno. La moda es prácticamente inherente al hombre, como es inherente su mortalidad, su vitalidad, su flaqueza, su destreza y por ende es inherente a él su colosal diversidad.

Tras largas jornadas investigativas dispuestas a entender un poco mejor los hitos culturales e históricos que formaron ecos reconocibles entre el ruido de tantos años y memorias, he topado con un tópico fascinante y ambiguo que una vez desenvueltos todos los estrados creativos que imparten su origen se muestra como una fuerza popular de gran valor comercial entre las multitudes, pero del cual poco se dice sobre su arraigo político e importancia en la interminable lucha por la imparcialidad y transparencia de los pueblos. Se trata de la cultura cadavérica con que frecuentemente se asocia la muerte mexicana y su ya bien conocido Día de muertos, figura que además de ser una de las principales fuentes de inspiración para nuestro contenido nombrará parcialmente el proyecto con la intención de contextualizar todo lo que este es: Una apuesta más por hacer del mundo y de nuestras conciencias lugares más “Humanos”, que cultivados por las gracias del arte nos permita adentrarnos e interpretar con mayor pericia las complejidades del planeta en que vivimos. Todo de la mano de una silueta irónica y para muchos rocambolesca y sombría, que no solo nos recuerda el innegable peso de Frida Kahlo en los relatos del arte o sus elegantes atavíos florales, (Imprescindibles en cualquier homenaje latinoamericano digno de llamarse como tal), o todas las colecciones, pasarelas y obras audiovisuales que inculca, como “Coco”, última entrega con la que pixar decide honrar la tradición. Sin mencionar los bosquejos y murales que inmortalizaron a Diego Rivera y en cuyo legado la catrina tomará parte vital, no solo con sus connotaciones habituales, sino paradójicamente como estela del desarraigo y desvalorización con que se veían las comunidades de antaño y que con el nacimiento de este emblema se pretendía erradicar a toda costa; tal como lo expresó su creador en 1910, y es que: “La muerte es democrática, porque ricos o pobres, güera o morena, toda la gente acaba siendo calavera”
– José Guadalupe Posada-

Redacción: Syhn..

 

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